Tener plantas puede dar vida a nuestro hogar y, además, nos pueden hacer sentir bien. Son seres vivos a los que hay que cuidar, y su cuidado, puede reportarnos grandes beneficios a nivel psicológico
Por: Giselle Bernal Serrano – doctoraki.com
Tener plantas y cuidarlas, regarlas, sembrar semillas… todas estas prácticas podrían reportarnos bienestar. Como veremos, tener plantas puede reportarnos calma, puede ayudar a responsabilizar a los niños porque les damos una tarea que hacer (y un ser vivo al que cuidar), puede favorecer nuestra autoestima, etc.
Fomentan la calma
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional Chungnam de Corea, en 2015, afirmó que las plantas pueden ayudar a calmar a las personas, al suprimir el sistema nervioso simpático. En dicho estudio, se propusieron dos condiciones: en una de ellas, los participantes completaban una tarea de computadora, y, en la otra, trasplantaban una planta.
Se midieron los efectos psicológicos y fisiológicos en estas dos tareas y los investigadores observaron que los hombres que habían trasplantado la planta estaban mucho más tranquilos después de dicha tarea en comparación con los que habían realizado la tarea de la computadora.
No es el hecho de tener una planta lo que nos libera la tensión, sino el hecho de cuidarla y regarla. Así, estos momentos de cuidado de la planta nos ayudan a evadirnos y a aliviar la tensión acumulada durante el día. Esto puede ser realmente relajante y un elemento clave para combatir el estrés, la ansiedad o la depresión.

Nos hacen compañía
Otros de los beneficios psicológicos de tener plantas es que nos pueden hacer compañía. Lógicamente, no es una compañía igual a la de una mascota o una persona, pero sí pueden tener un impacto psicológico positivo en nuestro bienestar. Así, en realidad las plantas son más que un mero elemento decorativo; tienen vida, las vemos crecer día a día y hasta nos pueden evocar recuerdos felices.
Adicionalmente, otro de los beneficios psicológicos de tener plantas es que pueden ayudarnos a fortalecer nuestra autoestima. Ver crecer y florecer a las plantas nos reporta satisfacción personal, y, además, es el resultado del cuidado y la dedicación que les hemos dedicado. En cierta manera, esto puede hacernos sentir bien, sentirnos realizados, lo que favorece nuestra autoestima.
Las plantas también pueden ser beneficiosas para nuestro orden mental. Organizar las rutinas diarias en torno a su cuidado puede ser una vía para aprender a poner orden en nuestra agenda semanal, por ejemplo. Así, de cierta manera, priorizamos aquellas actividades esenciales con respecto a las que no lo son tanto.

Mejoran el estado de ánimo
Tener plantas, ya sea en la terraza, el balcón, el jardín o en el interior del hogar, puede mejorar nuestro estado de ánimo, ¿por qué? porque le dan vida al piso y, además, pasar un rato con ellas a la luz del sol aumenta nuestros niveles de endorfinas, lo que conduce a una sensación de bienestar y mejora del estado de ánimo.
Por otro lado, si compartimos la afición por las plantas con amigos, esta práctica (cuidarlas, regarlas, plantarlas…) puede ayudarnos a socializar, incluso con personas que no conocemos. Intercambiar semillas o esquejes (‘piecitos’), pedir consejos, enseñar a trasplantar… son algunas prácticas que podemos compartir con otras personas.
Dedicar unos minutos al día a regar las plantas, verlas crecer, incluso hacerles fotografías, puede ser nuestro pequeño momento al día de desconexión. El hecho de sembrar, podar, quitar hojas secas… son también prácticas que requieren atención, lo que implica pasar un rato alejados de los problemas cotidianos.

