Por: Olga Díaz Díaz

Me tiendo sobre el lecho
del bogotano destino
mis manos temblorosas
sostienen mi cabeza
con su sueño desecho
a fuerza de olvido
entre espinas y rosas
estalla mi tristeza
bandolera irreverente
de mis noches y días
agitando mi pecho.
No hay más brillo
en mis ojos
que lágrimas cayendo
y cava el silencio
un hoyo a mis despojos
añorando la espuma
del mar de mis ancestros.
Ya no sé si estoy viva
o si estoy muerta
o si acaso formo parte
de lo incierto
arranco la maleza
para inventar caminos
pero no tengo fuerzas
para marcar las huellas
de mis pasos dormidos.
Me ahoga mi destierro
mientras se hunde
mi último barco de papel
en un mar embravecido.
Grito Venezuela
y se eriza mi piel
tan árida que duele
cuando la lluvia fría
comienza a caer.
Nada como mi tierra
como su brisa
que me lanza hasta el piso
si no me agarro bien.
¡Dios,
no me dejes morir fuera,
permíteme volver!
Amén